Nuestro Pan Diario

NUESTRO PAN DIARIO

Razón para cantar

Leer: Salmo 98 | La Biblia en un año: 1 Samuel 27–29
Lucas 13:1-22

Cantad al Señor cántico nuevo, porque ha hecho maravillas… (Salmos 98-1).

Cuando yo tenía trece años, mi escuela exigió que se tomaran cuatro cursos exploratorios: economía del hogar, arte, coro y artesanía en madera. El primer día de coro, la profesora hizo pasar a cada alumno al lado del piano para escuchar su voz y ubicarlo según su registro vocal. Cuando llegó mi turno, canté las notas que ella tocó varias veces, pero no me ubicó en ningún lado; me dijo que fuera a la oficina de consejería, para que optara por otra clase. Desde ese momento, sentí que no debía cantar más.

Cargué con ese pensamiento durante más de una década, hasta que, cuando ya era una adulta joven, leí el Salmo 98. El escritor abre con una invitación a cantar el Señor. La razón que ofrece no tiene nada que ver con la cualidad de nuestras voces, sino que el Señor se deleita en todos los cánticos de gratitud y alabanza de sus hijos. Se nos invita a cantar porque Dios «ha hecho maravillas» (v. 1).

El salmista señala dos razones maravillosas para alabar con gozo al Señor, tanto con canciones como con actitudes: su obra salvadora en nuestras vidas y su constante fidelidad hacia nosotros. En el coro de Dios, cada uno tiene un lugar para cantar sobre las cosas maravillosas que Él ha hecho.

Señor, aunque mi voz no sea buena, me uno al coro para agradecerte por las obras asombrosas que has hecho en mi vida.

A Dios le encanta escuchar las voces de sus hijos.

Leer: Isaías 49:14-16 | La Biblia en un año: 1 Samuel 13–14
Lucas 10:1-24

“En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía.”

Jueces 17:6 (Reina-Valera 1960)

Siempre me ha llamado la atención este pasaje de la Biblia que se encuentra en Jueces, y es que todos en algún momento de nuestra vida vivimos estás palabras que están escritas: “…cada uno hacía lo que bien le parecía.”

Este mismo pasaje en otra versión dice: “En esos días, Israel no tenía rey; cada uno hacía lo que le parecía correcto según su propio criterio.” Jueces 17:6 (Nueva Traducción Viviente). Hacer lo que a uno le parece es en pocas palabras vivir como uno quiere vivir, según nuestro propio criterio sin importar lo que los demás y a veces hasta lo que Dios piensa acerca de lo que hago o de cómo vivo.

Pero hay algo importante en este pasaje de la Biblia y es el hecho del por qué cada quien vivía como le placía, y eso se daba porque “En aquellos días no había rey en Israel…”.

Para los que decimos amar y vivir para el Señor, nuestro Rey es Dios pues nos regimos bajo su reino y un día viviremos toda una eternidad en su reino. Pero en el tiempo actual muchos viven como si no tuvieran rey haciendo lo que bien les parece, tomando decisiones sin tomar en cuenta a Dios, creando normas o reglas que no son respaldadas por la Palabra de Dios, dejando aun lado el reinado Santo para darle lugar al criterio propio.

El criterio propio es la peor arma que podemos tener y es la que nos puede llevar al fracaso, y es que en ocasiones en base a nuestro propio criterio podemos creer que estamos haciendo lo correcto, pero eso no lo dicta el criterio humano sino la Palabra de Dios escrita.

Es hora de dejar de vivir como que si no tuviéramos Rey, haciendo lo que nos parece correcto según nuestro propio criterio, es hora de hacer aun lado nuestro criterio y permitirte a Dios que dirija nuestra vida, que su Palabra sea esa lámpara que alumbre nuestro camino.

Hay unos proverbios que fueron escritos para esas ocasiones en donde nos creemos sabios en nuestra propia opinión, para esos momentos en donde queremos hacer lo que bien nos parece y no lo que Dios quiere que hagamos, estos proverbios dicen:

“Confía en el Señor con todo tu corazón,
no dependas de tu propio entendimiento.
Busca su voluntad en todo lo que hagas,
y él te mostrará cuál camino tomar.
No te dejes impresionar por tu propia sabiduría.
En cambio, teme al Señor y aléjate del mal.
Entonces dará salud a tu cuerpo
y fortaleza a tus huesos.”

Proverbios 3:5-8 (Nueva Traducción Viviente)

Recuerda que tienes un Rey al que te debes, un Rey que siempre quiere lo mejor para ti, un Rey que espera que lo tomes en cuenta en todo lo que hagas y cuando eso pase tienes que estar seguro que todo lo que hagas prosperara, porque no hay mejor bendición que el respaldo que Dios te da cuando haces su voluntad.

¡Deja de hacer lo que quieres para comenzar a hacer lo que tu Rey quiere!

Autor: Enrique Monterroza

Escrito originalmente para www.destellodesugloria.org

Jesús lloró

Leer: Juan 11:1-4, 38-44 | La Biblia en un año: Lucas 16

 … Dios […] da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo… (1 Corintios 15:57).

Estaba ensimismada en un libro, cuando una amiga se inclinó para ver qué leía. Casi al instante, retrocedió y, mirándome, dijo: «¡Qué título más tenebroso!».

Estaba leyendo El féretro de cristal, un cuento de los Grimm, y la palabra «féretro» la perturbó. A casi nadie le gusta que le recuerden que es mortal, pero lo cierto es que, de mil personas, mil morirán.

La muerte siempre genera una respuesta emocional intensa. Jesús mostró emociones profundas en el funeral de un querido amigo. Cuando vio a María, cuyo hermano acababa de morir, «se estremeció en espíritu y se conmovió» (Juan 11:33).

¿Qué fue lo que conmovió a Jesús? Probablemente, el pecado y sus consecuencias. Dios no creó un mundo lleno de enfermedad, sufrimiento y muerte, pero el pecado entró en el mundo y arruinó el hermoso plan divino.

El Señor Jesucristo nos acompaña en nuestro dolor, llora con nosotros cuando estamos tristes (v. 35). Pero, además, Él derrotó el pecado y la muerte al morir en nuestro lugar y resucitar de los muertos (1 Corintios 15:56-57).

Jesús promete: «el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25). Los que creemos en Cristo disfrutamos de comunión con Él ahora y aguardamos con ansias la eternidad a su lado, donde no habrá lágrimas, dolor, enfermedad ni muerte.

Señor Jesús, ¡ven pronto!

Señor Jesús, ¡ven pronto!

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La niña de su ojo

16 Abril 2016

La niña de su ojo

Leer: Zacarías 2 | La Biblia en un año: Lucas 13:23-35

… el que os toca, toca a la niña de su ojo (v. 8).

Cuando el bebé de una amiga mía tuvo convulsiones, fueron rápidamente hacia el hospital en una ambulancia, mientras su corazón palpitaba a toda velocidad al orar por su hijita. Al acariciar sus deditos, su profundo amor por su hijita la conmovió y le hizo recordar cuánto más nos ama el Señor, ya que somos «la niña de su ojo».

El profeta Zacarías emplea esta frase al hablarle al pueblo de Dios que había regresado a Jerusalén después del cautiverio babilónico. Lo llama a arrepentirse, reconstruir el templo y renovar su amor al Dios verdadero. Como el Señor ama profundamente a los suyos, estos son la niña de su ojo.

Algunos eruditos en hebreo sugieren que esta expresión alude al reflejo de una persona en la pupila del ojo de otra. Como los ojos son valiosos y frágiles, necesitan protección, y así es como Dios quiere amar y proteger a su pueblo: sosteniéndolo cerca de su corazón.

El Señor que mora entre nosotros derrama su amor en nuestra vida, y lo hace de una manera asombrosa; un amor mucho mayor que el de una madre que hace todo lo que puede por su hijita enferma. Somos la niña de su ojo, sus amados.

Padre Dios, gracias por amarnos y entregar a tu Hijo para morir y darnos vida. Hoy lo recibo como mi Salvador. Quiero vivir en tu amor.
Padre Dios, gracias por amarnos y entregar a tu Hijo para morir y darnos vida. Hoy lo recibo como mi Salvador. Quiero vivir en tu amor.

 

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Apacienta mis Ovejas – Nuestro Pan Diario

Tema: “Apacienta mis Ovejas”

Texto: Juan 21:15-17

“¿Me amas?… Apacienta Mis ovejas” Juan 21:17

Justo antes de que dejara este mundo, Jesús instruyó a Simón Pedro para que cuidara del objeto más preciado de Su amor, Sus ovejas. ¿Cómo podía alguien cuidar de ellas tal y como Jesús lo había hecho? Sólo por amor a Él. No hay otra manera.

Tres veces le preguntó Jesús a Pedro: «¿Me amas?» Pedro respondió: «Sí, Señor; Tú sabes que Te amo». Y, cada vez, Jesús le respondió: «Apacienta Mis ovejas».

¿Acaso no estaba Jesús al tanto del amor de Pedro? Por supuesto que sí. Su pregunta, que involucraba tres respuestas, no era para Él mismo, sino para Pedro. Él hizo estas preguntas para subrayar la verdad esencial de que sólo el amor a Cristo sostendría a Pedro en la obra que le esperaba realizar por delante, esa obra ardua y exigente de cuidar de las almas de las personas; tal vez la más dura de todas las labores.

Jesús no le preguntó a Pedro si él amaba a Sus ovejas, sino si Le amaba a Él. El afecto por el pueblo de Dios en sí no nos sostendrá. Al final, nos encontraremos derrotados y desalentados.

El «amor de Cristo» -nuestro amor a Él- es la única motivación suficiente que nos capacitará para permanecer en la dirección adecuada y para continuar apacentando al rebaño de Dios. Por lo tanto, Jesús nos pregunta a ti y a mí, «¿Me amas? Apacienta Mis ovejas».

Es el amor a Cristo lo que nos capacitará para amar a Sus hijos.

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