Nuestro Pan Diario

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Jesús lloró

Jesús lloró

Leer: Juan 11:1-4, 38-44 | La Biblia en un año: Lucas 16

 … Dios […] da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo… (1 Corintios 15:57).

Estaba ensimismada en un libro, cuando una amiga se inclinó para ver qué leía. Casi al instante, retrocedió y, mirándome, dijo: «¡Qué título más tenebroso!».

Estaba leyendo El féretro de cristal, un cuento de los Grimm, y la palabra «féretro» la perturbó. A casi nadie le gusta que le recuerden que es mortal, pero lo cierto es que, de mil personas, mil morirán.

La muerte siempre genera una respuesta emocional intensa. Jesús mostró emociones profundas en el funeral de un querido amigo. Cuando vio a María, cuyo hermano acababa de morir, «se estremeció en espíritu y se conmovió» (Juan 11:33).

¿Qué fue lo que conmovió a Jesús? Probablemente, el pecado y sus consecuencias. Dios no creó un mundo lleno de enfermedad, sufrimiento y muerte, pero el pecado entró en el mundo y arruinó el hermoso plan divino.

El Señor Jesucristo nos acompaña en nuestro dolor, llora con nosotros cuando estamos tristes (v. 35). Pero, además, Él derrotó el pecado y la muerte al morir en nuestro lugar y resucitar de los muertos (1 Corintios 15:56-57).

Jesús promete: «el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá» (Juan 11:25). Los que creemos en Cristo disfrutamos de comunión con Él ahora y aguardamos con ansias la eternidad a su lado, donde no habrá lágrimas, dolor, enfermedad ni muerte.

Señor Jesús, ¡ven pronto!

Señor Jesús, ¡ven pronto!

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La niña de su ojo

16 Abril 2016

La niña de su ojo

Leer: Zacarías 2 | La Biblia en un año: Lucas 13:23-35

… el que os toca, toca a la niña de su ojo (v. 8).

Cuando el bebé de una amiga mía tuvo convulsiones, fueron rápidamente hacia el hospital en una ambulancia, mientras su corazón palpitaba a toda velocidad al orar por su hijita. Al acariciar sus deditos, su profundo amor por su hijita la conmovió y le hizo recordar cuánto más nos ama el Señor, ya que somos «la niña de su ojo».

El profeta Zacarías emplea esta frase al hablarle al pueblo de Dios que había regresado a Jerusalén después del cautiverio babilónico. Lo llama a arrepentirse, reconstruir el templo y renovar su amor al Dios verdadero. Como el Señor ama profundamente a los suyos, estos son la niña de su ojo.

Algunos eruditos en hebreo sugieren que esta expresión alude al reflejo de una persona en la pupila del ojo de otra. Como los ojos son valiosos y frágiles, necesitan protección, y así es como Dios quiere amar y proteger a su pueblo: sosteniéndolo cerca de su corazón.

El Señor que mora entre nosotros derrama su amor en nuestra vida, y lo hace de una manera asombrosa; un amor mucho mayor que el de una madre que hace todo lo que puede por su hijita enferma. Somos la niña de su ojo, sus amados.

Padre Dios, gracias por amarnos y entregar a tu Hijo para morir y darnos vida. Hoy lo recibo como mi Salvador. Quiero vivir en tu amor.
Padre Dios, gracias por amarnos y entregar a tu Hijo para morir y darnos vida. Hoy lo recibo como mi Salvador. Quiero vivir en tu amor.

 

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Apacienta mis Ovejas – Nuestro Pan Diario

Tema: “Apacienta mis Ovejas”

Texto: Juan 21:15-17

“¿Me amas?… Apacienta Mis ovejas” Juan 21:17

Justo antes de que dejara este mundo, Jesús instruyó a Simón Pedro para que cuidara del objeto más preciado de Su amor, Sus ovejas. ¿Cómo podía alguien cuidar de ellas tal y como Jesús lo había hecho? Sólo por amor a Él. No hay otra manera.

Tres veces le preguntó Jesús a Pedro: «¿Me amas?» Pedro respondió: «Sí, Señor; Tú sabes que Te amo». Y, cada vez, Jesús le respondió: «Apacienta Mis ovejas».

¿Acaso no estaba Jesús al tanto del amor de Pedro? Por supuesto que sí. Su pregunta, que involucraba tres respuestas, no era para Él mismo, sino para Pedro. Él hizo estas preguntas para subrayar la verdad esencial de que sólo el amor a Cristo sostendría a Pedro en la obra que le esperaba realizar por delante, esa obra ardua y exigente de cuidar de las almas de las personas; tal vez la más dura de todas las labores.

Jesús no le preguntó a Pedro si él amaba a Sus ovejas, sino si Le amaba a Él. El afecto por el pueblo de Dios en sí no nos sostendrá. Al final, nos encontraremos derrotados y desalentados.

El «amor de Cristo» -nuestro amor a Él- es la única motivación suficiente que nos capacitará para permanecer en la dirección adecuada y para continuar apacentando al rebaño de Dios. Por lo tanto, Jesús nos pregunta a ti y a mí, «¿Me amas? Apacienta Mis ovejas».

Es el amor a Cristo lo que nos capacitará para amar a Sus hijos.

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